EL DESPERTAR
Sus ojos de pestañas rizadas miraban detenidamente la pantalla, fruncía el entrecejo mientras pensaba que era una locura experimentar sentimientos reales por una persona que está a miles de millas y que solo se conoce por las letras que escribe en el computador. Ella era una escéptica, racional en todo, así que la idea de enamorarse online le parecía imposible. Apagó la computadora mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, buscó el calor de la almohada, reposó su cabeza en ella, estirando su cuerpo a lo largo de la cama se sumió en un profundo sueño.
Sus ojos de pestañas rizadas miraban detenidamente la pantalla, fruncía el entrecejo mientras pensaba que era una locura experimentar sentimientos reales por una persona que está a miles de millas y que solo se conoce por las letras que escribe en el computador. Ella era una escéptica, racional en todo, así que la idea de enamorarse online le parecía imposible. Apagó la computadora mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, buscó el calor de la almohada, reposó su cabeza en ella, estirando su cuerpo a lo largo de la cama se sumió en un profundo sueño.
Un sonido agudo, repetido,
retumbó en la habitación, sonó una vez, sonó dos veces, este sonido agudo estremeció
su cuerpo, abrió sus ojos abruptamente, mientras que los dedos de su mano
derecha tocaban el velador de la cama buscando el objeto responsable de emitir
ese sonido, sus dedos iban palpando el velador hasta que encontraron una
superficie pulida y fría, sus dedos sujetaron el objeto que seguía sonando, con
los ojos semicerrados su dedo índice presionó la opción de parar la alarma del celular, el que por fin dejó de sonar. Ella se volvió a acomodar en la cama, colocando su cabeza entre las almohadas, deseando intensamente seguir durmiendo, unos cinco minutos
más pensó, solo cinco minutos más y me levanto, cerró los ojos buscando
deliberadamente dormir, sin embargo, una parte de si le decía no hay tiempo para
seguir durmiendo, tienes que levantarte que ya son las 6.05 de la mañana.
El dilema de dormir más o
levantarse se apoderó por un momento de ella, una parte de su cuerpo se resistía
a abandonar la comodidad de las almohadas y otra parte, no de su cuerpo
propiamente dicho, sino de su “mente” le decía levántate, levántate vas a llegar
tarde al trabajo, esta lucha se desarrollaba entre dos fuerzas igualmente poderosas, finalmente esta última
fuerza se impuso dándole un impulso a su cuerpo, que de improviso saltó de la
calidez que lo cobijo toda la noche hacia el suelo de la habitación, sus pies
tocaron el parquet y ella se levantó somnolienta pero decidida para ir a
trabajar.
Entró a la ducha, sus manos
buscaron la llave del agua fría, el agua fría comenzó a caer ella trato de
evitar que le cayera alguna gota de esa agua que le parecía gélida a esas
horas, abrió la llave del agua caliente para entibiar el baño, con la punta de los dedos de su mano izquierda fue sintiendo si el agua estaba lo
suficientemente tibia para ducharse, cuando notó que el agua caía tibia pensó
ya puedo bañarme, se sumergió cerrando los ojos dentro del torrente de
agua tibia... así comenzaba su día lunes.